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Universidad Veracruzana
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Ser caníbal, se sabe, es aquel que come individuos de su propia especie. La imagen inmediata que llega a la mente es el de un hombre que consume seres humanos. Metafóricamente aplica igual en la sociedad: un país tragándose a otro; un poderoso “comiéndose” al débil; integrantes de una sociedad “almorzándose” a otros, es decir, hacernos daño unos a otros.
Los vestigios de las sociedades ahí están, enterrados por el tiempo, escondidos por la selva o mostrándose imponentes en las llanuras. Huellas que resisten a los climas que erosionan piedras, murales o códices. Los arqueólogos van en busca de ellos para tratar de explicar el pasado, interpretarlo y darle una razón a nuestra estirpe.
Hay escritoras que dan a conocer sus obras, pasa el tiempo y estas quedan en el rincón del olvido. Sobre todo, si se trata de mujeres que cuestionan, que ponen en papel sus ideas que van contra las tradiciones. Pero, como botellas tiradas al mar, no falta que el destino las lleve a que alguien las encuentre, las lea, le den su valor y hagan que la literatura de otro siglo vuelva a florecer.
Cuando comemos un rico taco de carnitas con-todo, un chilatole de pollo, unos camarones al ajo, tomamos rico café con pan o cualquier platillo tradicional, no solo realizamos la necesaria acción de alimentarnos, estamos también ante un proceso que lleva implícita una cadena de acciones que van desde la siembra, el cuidado, la cosecha, la distribución, la comercialización y la venta de los productos que consumimos.
Como los acantilados que resisten el ímpetu del mar bravío, como la montaña inamovible que recibe a pie firme los vientos huracanados, como el temple y la fortaleza de quien se domina a sí mismo, el ser estoico se alimenta de la virtud y de la sabiduría de aceptar lo que no está en sus manos cambiar para seguir adelante en la vida ante la adversidad.
La noche es el espacio propicio para que las sensaciones inesperadas afloren en las tinieblas. Es la obscuridad cómplice de apariciones que pueden ser temibles o una invitación para las pasiones desbordadas. Lo que se haga bajo el amparo nocturnal procurará ocultarse en el día. El diablo está en los detalles.
Drácula, Nosferatu, Akasha, Vampirella y una gran familia de vampiros deambulan en la literatura, el cine y en el streaming. Muertos vivientes crepusculares, criaturas de la noche sedientas de sangre, de venganza, de necesidad de reproducirse para convertirse en inmortales. Pasionales, seductores y elegantes, con el poder de transformarse de humanos a murciélagos y viceversa. Siempre excomulgados, jamás perdonados.
La ilusión en el campo inicia cuando aparecen los primeros colores del alba. Mujeres y hombres se levantan para comenzar sus labores. En el Sotavento, la frescura matinal que emana del caudal acompasado del río sea acompaña del canto de las aves. En la mente y en la memoria de la comunidad está presente que la vida es una fiesta que deriva en fandango.
Los gigantes también empezaron desde pequeños y los pequeños en el transcurso de la vida se convierten en gigantes. De niños, la figura paterna, si es que es cotidiana en la familia, se convierte en una gran sombra que puede ser protectora, conflictiva o ausente.
Picante pero sabroso. El chile, más que un condimento es parte de la identidad mexicana. Comida que pone el toque especial en los principales platillos y que muchas veces nos confirma nuestra vocación para sufrir y aguantar el ardor. No habrá duda de que cuando se piense en las principales características del ser mexicano, el chile estará presente.
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